Música

Vangelis – Albedo 0.39

 

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Pulstar – 5:46

Freefall – 2:16

Mare Tranquilitatis – 1:47

Main Sequence – 8:10

Sword of Orion – 1:57

Alpha – 5:46

Nucleogenesis Part 1 – 5:55

Nucleogenesis Part 2 – 6:12

Albedo 0.39 – 4:22

Sin contar las bandas sonoras para películas en los ochenta y noventa, las obras más famosas y reconocidas del compositor heleno se encuentran en esa maravillosa época que fueron los setenta, donde, como ya he mencionado en numerosas -demasiadas- ocasiones, la música popular gozó de un verdadero boom de creatividad, donde cualquiera que tuviera talento iba a recibir con bastante probabilidad el apoyo de productores y mecenas; y por supuesto, el aprecio de un público entregado. Con Vangelis, y muchos otros pioneros de la música electrónica pre-new age, ocurrió el mismo efecto: su sonido de sintetizador, secuenciadores, teclados distorsionados y ritmos electrónicos, tan alejados de nuestro planeta, trasladaba el espacio, las galaxias y nebulosas, los sinuosos cometas y el baile orbital de los planetas y estrellas a nuestra realidad, y esto, unido a la fascinación por el universo que se vivió en ese entonces -aquí en España, sin ir mas lejos, empezó a calar muy hondo el fenómeno ovni- hizo enloquecer al publico. Dudo que en nuestro 2016 este mismo fenómeno musical pudiera volver a repetirse. Nunca he negado ser un nostálgico de una época para la que nací demasiado tarde, lo reconozco, pero también reconozco que no es una nostalgia ciega o un ensalzamiento vació; los setentas saben defenderse sin mis lisonjas, álbumes como estos lo hacen mucho mejor.

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Vangelis y su pelo te seducen

La putada de no seguir un orden cronológico es que partimos sin el contexto apropiado, así que voy a intentar contaros un poco como era el Vangelis de 1976 -fecha en que salio el disco- y su música. Antes de la separación de Aphrodite’s Child, una banda de rock psicodélico-progresivo que contaba con Vangelis y Demis Roussos entre sus filas, nuestro barbudo se dedico a viajar por capitales europeas como Londres o Paris en busca de nuevas corrientes musicales, y de paso poner música a películas de cine independiente, casi de nicho, como Sex Power, su primer trabajo en solitario oficial. Tras su salida del grupo, compaginó la creación de bandas sonoras con sesiones de improvisación jazzisticas y rock progresivo que se tradujeron en dos álbumes, no oficiales, Hypothesis y The Dragon, y dos oficiales, Fais que ton rêve soit plus long que la nuit y Earth. Cualquiera que oiga por primera vez cualquiera de estos dos álbumes se va a quedar con el culo torcido, nadie diría que son creación de Vangelis, sobre todo el Earth, una extraña fusión entre rock y música mediterránea que da como resultado un sonido tan refrescante como difícil de digerir. L’Apocalypse des Animaux puso fin a esta explosión de creatividad sin filtro y marcó el rumbo a seguir de su recién comenzada carrera musical. Poco más puedo decir de este disco que no haya dicho en su entrada original y subrayado en la de Opera Sauvage, así que pasemos a su primera obra maestra, Heaven and Hell, que trataremos en otra entrada. En ese año de 1974 Vangelis creó el que sería su cuartel general durante más de 13 años en Lóndres: los Estudios Nemo. Gracias al capital obtenido con su reciente éxito comercial, Vangelis pudo hacerse con los adelantos tecnológicos más punteros y los mejores sintetizadores, secuenciadores y cajas de ritmos para su nuevo estudio de grabación, el cual, el mismo confesaba, siempre estaba en obras, motivo por el cual los primeros álbumes grabados en el estudio tenían un tenue zumbido de fondo. Albedo 0.39 nació bajo estas extrañas circunstancias, y pese a lo que podría considerarse como una pésima insonorización, en realidad acabó dotando al álbum de una magia muy particular.

Albedo 0.39 es un álbum conceptual, aunque haya que quebrarse bastante la cabeza en busca de ese concepto. Escuchando el disco, por su sonido, palpablemente cósmico, se puede intuir que trata acerca del universo, en general. Pero creo que la clave para entender correctamente las intenciones del compositor debemos centrarnos en su título: Albedo 0.39. El albedo es el poder reflectante de un planeta o un cuerpo no luminoso; un reflector perfecto, por ejemplo, tendría 100%, esto es, albedo 1; la Tierra tiene un albedo del 39%, 0.39. Con esto, puede que la temática trate más sobre la relación que existe entre nuestro planeta y el universo, y mas íntimamente, entre nosotros como especie y el susodicho, de como nuestros intentos de comprender esa vasta e ignota negrura, con nuestras radios y satélites, nuestros telescopios y transbordadores, nuestras señales de onda y transmisiones -muy presentes en el propio álbum-, han terminado por integrarnos al resto de cuerpos celestes como participantes del vals espacial. La música incluida en el álbum hace aun más evidente esta unión. Como he dicho antes, la presencia de voces digitales y transmisiones distorsionadas por las ondas, arrojando datos o mediciones, unida a las oscilaciones, silbidos, rasgueos y zumbidos del sintetizador y las tenues pero siempre presentes notas de xilófono, ademas de los ritmos de los tambores, por muy amortiguados que sean, nos ofrecen la mejor evocación de esta simbiosis cósmica de una forma muy distinta a la que nos tiene acostumbrados la ciencia ficción épica, que toma más como modelo a Holst y sus Planetas que la idiosincrasia del universo. No en balde la mayor parte de estas composiciones fueron usadas por Carl Sagan -Dios lo tenga en su gloria- para su serie Cosmos. Pero hablemos del disco de una vez, cojones ya, que esta introducción ha sido excesiva hasta para mi.

Empezamos con Pulstar, cuyo nombre resulta de la combinación de pulsar, o estrella de neutrones, y star, estrella; uno de los temas mas famosos del disco, amen de uno de los usados por Sagan para su serie, compuesto exclusivamente de un pulso constante sobre el que se superponen varias melodías de sintetizador y toques cristalinos de xilofonos en un periódico oscilar sonoro. De entre todos los temas, me atrevería a decir que Pulstar es de los más accesibles al público gracias a su ritmo y vibrante melodía, y esos efectos de sintetizador tan exóticos, a veces rockeros, a veces de ulular de lechuzas -estos se aprecian llegando al final de la canción, una verdadera maravilla-. Este tema, al igual que otros, acaba con una extraña grabación, una voz femenina dándonos la hora. Y con el cuerpo descompuesto tras esta “presencia” llegamos a Freefall -caída libre-, una tonadilla ligera con reminiscencias orientales que fluye junto al sintetizador tan suavemente que nos hace cuestionar ese titulo tan agresivo. Mare tranquilitatis -uno de los “mares” más famosos de la Luna- se une al final Freefall y continua esa siniestra atmósfera distorsionada, de la que se entreoye la conversación de un astronauta llegando a la Luna. Main Sequence -secuencia principal- es una ida de olla interesante, una larga improvisación de ritmos y sintetizadores estridentes que se superponen y pelean casi de forma anárquica, recordando a un experimento de rock progresivo o un jazz muy electrónico; en esos 8 minutos, Vangelis hace lo que le da la gana con todos los instrumentos con que contaba, y pese a su frenetismo, que pueden resultar muy atractivos, diría que es de los temas más inmisericordes del disco. A esta larga algarabía de sonidos pone punto y final Sword of Orion, una continuación lógica del anterior tema, mucho más contenida y con un tinte entre épico y melancólico.

Ya en la segunda cara tenemos la celebérrima Alpha, tema que ademas de en Cosmos a Iker Jiménez le encanta utilizar en sus programas. Su inicio es muy interesante: un sonido chirriante de teléfono de rueda es el que pone en marcha toda la melodía de la pieza, muy sencilla y minimalista, que va in crescendo hasta terminar por explotar en una preciosísima secuencia de ondulantes sintetizadores y abandonar todo ese minimalismo, cerrando con una de las más poderosas melodías de todo el disco. Nucleogenesis es un tema dividido en dos partes que abre con lo que parece un órgano y se transforma rápidamente en una sucesión de pulsos de sintetizador, zumbidos, oscilaciones, chispas y efectos desquiciantes, recordando a Main Sequence pero sin esa espontaneidad que da la improvisación; en este tema se nota mucho más cerebro detrás, es como una explosión controlada, aquí se nota como evoluciona el sonido, como del frenetismo se llega a claros de sonido mas contemplativos para volver de lleno a los sintetizadores histéricos y a los ritmos enloquecidos. Terminamos el disco con el tema homónimo, al que a duras penas puedo llamar canción, y a veces me cuesta llamarlo música. Albedo 0.39 es más una descripción del planeta Tierra en términos astronómicos: velocidad de rotación, translación, distancia al sol, inclinación del eje, y albedo, por supuesto. Toda esta larga sucesión de mediciones es acompañada de una atmósfera cósmica de sintetizador que nos sumerge profundamente en una ensoñación espacial.

¿Qué más puedo decir de este disco? Si habéis escuchado los pocos temas que aquí os he colocado mientras leíais dudo que a alguno le hayan dejado indiferente; no digo que los haya disfrutado o amado a primera vista, no pediría tanto, pero algo ha debido de sentir, algo que no se siente al escuchar música convencional, no mejor, pero si diferente ¿Cómo no sentirlo con música así? Nunca hubo una experiencia mas cercana a estar flotando perdido en el espacio desde Gravity en Imax. Y en esta al menos no te atacan casquetes ni chatarra espacial; aquí solo tienes que reclinarte en tu sofá, ponerte los auriculares o unos bafles poderosos, y dejarte transportar a través del sonido hacia la bóveda de estrellas, abandonar lentamente el planeta, y sentirte uno mas con el universo.

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