Música

Vangelis – Spiral

 

Vangelis-Spiral-Frontal.jpg

Spiral – 6:55

Ballad – 8:27

Dervish D – 5:21

To the Unknown Man – 9:01

3+3 – 9:43

Siguiendo en la misma linea espacial, con Spiral Vangelis da un paso más en lo que a acercar el universo al oyente medio se refiere, armándose de nuevo de sus sintetizadores y ofreciéndonos una nueva selección de temas, esta vez mas largos que los escuchados en Albedo 0.39 y, hasta cierto punto, menos vanguardistas -excepto en uno de ellos, los fragmentos de grabaciones y transmisiones desaparecen-. Podríamos considerar a Spiral como el último disco de esta etapa cósmica de Vangelis; podríamos si ignoráramos el extrañísimo experimento sonoro que es Beaubourg, publicado al año siguiente, y que de entre toda la producción del músico griego es, a mi juicio, de las cosas más raras que he tenido el… ¿gusto? ¿mala suerte? ¿oportunidad? de escuchar entero. Vamos a hablar de Spiral, por supuesto, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas palabras a obra tan singular.

He dicho antes que Beaubourg también podría incluirse dentro de la etapa cósmica, pero sería más a su pesar que por verdadera intencionalidad: me explico. Beaubourg no es música al uso; diría mas, si alguno al escuchar los temas recogidos en Albedo 0.39 ennarco una ceja, extrañado porque me refiriera a esos recitales de mediciones y datos, transmisiones y zumbidos de sintetizador con el calificativo “música”, probablemente sufran una embolia al referirme con el susodicho termino a 39 minutos de sonidos aleatorios, zumbidos estridentes, vaivenes de sintetizador distorsionado, ruidos varios, percusión anárquica y estática en blanco. Porque Beaubourg es eso, Beaubourg es una improvisación de más de media hora de sintetizador sin edulcorantes ni añadidos, sonidos electrónicos puros que si dan una sensación espacial y crean una atmósfera densa y enrarecida es más porque el sonido da muy mal rollo que porque Vangelis tuviera el universo en mente; no descarto que estuviera haciendo el loqui con el sintetizador y terminara grabándolo por las risas, que en Youtube se pueden encontrar muchas sesiones de improvisación suyas. No se si considerar Beaubourg como música cósmica, no se siquiera si considerarlo música, pero de verdad, lo único que puedo hacer es dejaros este link y que juzguéis por vosotros mismos.

Con este apéndice cerrado, prosigamos con el verdadero protagonista de esta entrada. Y es que estamos, junto con Albedo 0.39, ante una de las joyas de la corona de Vangelis, una de esas grandes obras que a día de hoy sigue dando de que hablar y de la que aun se extrae material para sintonías varias y bandas sonoras, como antaño haría, de nuevo, Carl Sagan con su personalísimo viaje al universo que fue Cosmos. Spiral nació justo el año siguiente que el álbum reseñado hace unos días, y como he mencionado antes, su sonido sigue una linea muy similar: música instrumental de sintetizador y teclado, con la añadidura de algunos instrumentos acústicos como batería. Como anécdota podría añadir que este fue el primer disco en que Vangelis uso su clásico Yamaha CS-80, que sería ampliamente utilizado en su carrera posterior. Al contrario que con el anterior, Spiral no tiene un concepto, pero si una ligera temática que anuncia el propio título y  que permea a la música incluida en este: Spiral hace referencia al constante movimiento de vaivén de todos los temas, cuya composición sigue un patrón periódico que va repitiéndose desde el inicio hasta el final del mismo. Pero podemos hilar aun más fino. Si partimos de este análisis musical podemos establecer una relación entre esa cadencia y el movimiento del universo, de las galaxias -¿Os suenan las galaxias espirales?-, las nebulosas y resto de cuerpos celestes, y como ese movimiento lo enlaza todo. Como os he dicho… es hilar muy fino, tampoco creo yo que la profundidad simbólica sea tan importante en este álbum, pero si es verdad que tanto por el sonido de este, como por el nombre de ciertos temas -que luego comentare-, si se puede entrever esta “constante” musical.

El tema homónimo conque abre el álbum es un reflejo perfecto de esta filosofía del movimiento perpetuo. Spiral empieza con una enrarecida oscilación de sintetizador, vibrante, que va repitiéndose con mayor y menor intensidad a lo largo de todo el tema a modo de armazón sobre la que se irán superponiendo más y más efectos, como campanas, tañidos electrónicos in crescendo y efectos futuristas, recordando lejanamente a un prototipo de los créditos que Vangelis compusiera para Blade Runner ya en los 80. Esta es, también, uno de los temas más famosos del álbum y más accesibles por ese tono grandilocuente que alcanza al final del mismo. Todo esta vorágine de sonido empieza a diluirse con la siguiente pieza, Ballad, mucho más sosegada y contemplativa, y uno de los pocos temas en los que se puede oír la reverberante voz de Vangelis, distorsionada completamente por el vocoder, y que añade al conjunto un tinte de irrealidad, como de ingravidez, incluso en los momentos de mayor intensidad, en el que el sintetizador intenta imponerse, el conjunto se mantiene lánguido gracias a la voz y los efectos de sonido, sobre todo el que recuerda a una armónica -creedme, es muy difícil ponerle adjetivos a los sonidos de un sintetizador-. Dervish D recibe su nombre de los derviches, bailarines turcos que danzan girando sobre si mismos enloquecidamente, haciendo volar sus largos ropajes; Vangelis vió en este giro constante del bailarín el giro en espiral del universo, ese perpetuum mobile del que os hablaba al principio y que se repite en cada tema. Simbolismos aparte, este es el tema mas rockero del álbum, más rápido y alocado que el resto, con un sintetizador que oscila y vuelve sobre si mismo y al que acompañan numerosos efectos y tambores.

La segunda cara del vinilo abre con la sencillísima a la par que compleja To the Unknown Man, uno de mis temas favoritos y de los mas reconocidos del músico heleno. Primero, una secuencia de sintetizador pulsátil va marcando el ritmo sobre el que se empieza a entrever una tenue melodía de sintetizador, sosegada, emotiva, que va desarrollandose poco a poco hasta llegar al redoble marcial que marca segunda parte de la pieza; ahora la melodía se hace más nítida, protagonista, los tambores marcan el ritmo y prosigue el desarrollo hasta llegar a su explosiva tercera parte; la melodía desaparece, los tambores cambian el ritmo y un nuevo sintetizador se une a la ecuación con zumbidos como de guitarra extraterrestre que terminan desvaneciéndose hasta su inminente final. Una verdadera joya de la composición musical. Y así llegamos a nuestro último tema, 3+3, otra larguísima pieza, mucho más alocada que la anterior, con algarabías de sonidos electrónicos a los que se van añadiendo todos los secuenciadores de los que disponía Vangelis que dan una sensación de conjunto apabullante, dando lugar a un tema en constante cambio que impone tanto por su complejidad como por los medios de aquel entonces, en que si bien el sintetizador estaba en auge, no creáis que era tan fácil de utilizar como ahora, en ese entonces se requería de mucha paciencia y pericia para sacar tantos sonidos a estos instrumentos.

Si con Albedo 0.39 Vangelis exploró los limites de la música electrónica, con Spiral se refinó la formula, transformando la experimentación formal en un conjunto de temas accesibles, melódicos e, incluso, sinfónico sin por ello simplificar la composición ni restarle calidad al conjunto. Spiral es un disco breve, donde ni sobra ni falta nada, y si bien su sonido ahora es algo anticuado, no deja de tener un poder de sugestión impresionante. Sin ir mas lejos, hace unos días fueron las Perseidas en mi ciudad, y para disfrutarlas a otro nivel me tendí al raso en mi jardín, sobre una butaca, con un altavoz al lado reproduciendo este disco y muchos otros temas del mismo compositor: su efecto es indescriptible. Os recomendaría, luego de la escucha de Opera Sauvage, si os gusto el estilo, dadle una oportunidad a Spiral y dejaros llevar por ese sintetizador hacia lugares lejanos, a años luz de vuestros hogares.

*Pequeña acotación. Hubo una continuación de To the Unknown Man, con un dos delante, que no salio junto al álbum, sino en formato de single y que no podía dejar pasar la oportunidad de ponéroslo por aquí, porque es una verdadera maravilla, muy emotivo.

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