Música

Vangelis – Blade Runner

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Main Theme – 3:42

Blush Response – 5:47

Wait for me – 5:28

Rachel’s Song – 4:48

Love theme – 4:16

One More Kiss, Dear – 4:00

Blade Runner Blues – 8:54

Memories of Green – 5:05

Tales of the Future – 4:47

Damask Rose – 2:33

End Titles – 4:39

Tears in Rain – 3:01

Cuando abordamos las bandas sonoras de Vangelis podemos hacernos la idea equivocada con respecto a la calidad de las películas en que trabajaba. Mucha gente afirma que, en la mayor parte de los casos, la banda sonora era claramente superior a la película en cuestión, y esta idea gana peso, insisto, erróneamente, por dos factores. El primero; si es verdad que muchas cintas en las que el compositor puso música resultaron en estrepitosos fracasos pese a tratarse de trabajos, a veces, con mucho presupuesto detrás: la manipuladora 1492: Conquista del Paraíso -coincido-, la plúmbea Alejandro Magno -coincido menos-, la mediocre Motín a Bordo -no coincido en absoluto-, la vomitiva El Greco, o la indigesta Lunas de Hiel son buenos ejemplos; y si unimos a esto que, actualmente, las dos películas que gozan de mayor prestigio a nivel de público y crítica, Carros de Fuego y Blade Runner, de la primera a día de hoy se cuestiona mucho esa abrumadora cantidad de galardones, y de la segunda podemos decir que fue muy vapuleada en su estreno. El otro factor sería que el amigo Papathanasiu ha sido muy fan de filmes desconocidísimos, de nicho, de los que hasta son difíciles de encontrar por Internet, como Sex Power -esta directamente es un animal mitológico-, Francisco de Asis, Antarctica, Kavafis… incluso me atrevería a incluir Desaparecido, pese a contar con Costa-Gavras en la dirección y un actorazo como Jack Lemmon. Sin embargo, y centrándonos ya en lo que nos toca, que Blade Runner en su tiempo no sedujera como seduce hoy no le resta ni un ápice de calidad. Y es que estamos hablamos de una de las mejores películas de ciencia-ficción de la historia, prueba de ello son la ingente cantidad de obras que han nacido de esta película y han dado nombre a un popular sub-género: el cyberpunk.

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La metrópolis, la selva de hormigón y electricidad 

En el anterior blog hable un poquito sobre Blade Runner, pero no me centré en la película porque en aquella ocasión hablaba del material que dio origen a esta, ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? de Philip K. Dick. Creo que en aquel entonces deje bastante clara mi posición… La película, que no es una adaptación fiel ni pretende serlo, es claramente superior al libro; si, debe de ser de las pocas veces en que se da, pero se da. Get rekt, son Aquí tampoco pretendo hablar de la película, algún día lo haré, y saldrá un análisis de 40 párrafos desglosando cada milisegundo de la misma, como si es un peo furtivo de replicante… Pero hoy no es ese día, hoy vamos a hablar de la música, de la que también tengo mucho que decir.

Podríamos empezar diciendo que por el pelo de un calvo Ridley Scott pudo llegar a utilizar la música compuesta por Vangelis a causa de las fechas; y es que Carros de Fuego salió justo un año antes que Blade Runner, lo que dejaba un margen de meses para componer y montar la música en la película; una tarea hercúlea que pudo realizarse a pesar del escepticismo del director británico, que ya barajaba una banda sonora alternativa en la que trabajaría Jerry Goldsmith, el mismo que puso música a Star Trek, osea, que entendía más o menos como era la ciencia ficción épica de la época, en otras palabras, no hubiera tenido ni idea de como tratar Blade Runner. Si, me acabo de meter con Jerry Goldsmith… volvamos al comienzo, ejem, ejem… Vangelis compuso a marchas forzadas la banda sonora, con tanta presión encima que ni pudo recoger su Oscar por Carros de Fuego. Y aun así, el compositor griego logro crear una música solida, un sonido único alejado de la fanfarria épica de ciencia ficción que tanto bebía de Holst. Tras el estreno de la película y tras el éxito, algo a posteriori, de la misma, Vangelis volvió a hacer… la de Vangelis, es decir, no quiso sacar la banda sonora hasta pasados 10 años; esto no significa, empero, que no circularan versiones piratas, incluso existía un disco que recogía la banda sonora y que se convirtió en la oficial durante esos 10 años, aunque no era original, era una versión a orquesta de la misma. En su afán por no ser tratado como un compositor de cine, nuestro simpático griego nos ha tocado a mas de un fan la moral. Y las pelotas.

¿Qué diferencia la música de Blade Runner del resto? Su tratamiento. Blade Runner no es una ciencia ficción colorida como si lo era Star Wars o Star Trek, no es La fuga de Logan o El Planeta de los Simios -coloridas, si, pero de temas mas bien oscuros-, no ve optimismo en el progreso de la ciencia, no es un universo en que se vivan aventuras, pero tampoco era tan terrorífica ni macabra como Alien: el octavo pasajero. Blade Runner es una historia sobre la humanidad como cualidad espiritual en una Tierra lúgubre, contaminada, fría, superpoblada y mecanizada; una babel de hormigón y LEDs que se extiende por todo el planeta y emponzoña un cielo siempre ennegrecido en el que sus personajes, los pocos que aparecen – pese a que no dejamos de ver multitudes aglutinadas en estrechísimas avenidas saturadas de basura y podredumbre-, están tan alienados, son tan indistinguibles de los edificios y la contaminación, que cuesta distinguirlos de los “inhumanos” replicantes. La atmósfera de Blade Runner es de un verde oscuro con trazos de mortecina luz digital, una distopía cyberpunk a la que se añaden pinceladas de cine noir; mejor dicho: Blade Runner es una novela negra en un decadente futuro, tanto por su trama detectivesca como por su estética. Y un universo así, con un pesimismo tan marcado, en que sus personajes, humanos o no, apenas interaccionan y se sorprenden al hacerlo, no puede tener una banda sonora triste, requiere algo más, una pizca más de gelidez, un toque más de distanciamiento, y el sintetizador de Vangelis… lo borda. Pero no se queda únicamente en su registro habitual cósmico-futurista, entonces la mezcolanza de estilos no habría sido tan evidente; al sintetizador se le añaden ligeros toques de jazz para evocar esos cafés de los años 30, y la superpoblación y el mestizaje masivo se añaden al cóctel con algunas melodías exóticas. De este extraño conglomerado surge una de las bandas sonoras más únicas en el género, y ahora vamos al tradicional análisis tema a tema, donde se aprecia mucho mejor todo lo dicho anteriormente. Por cierto, hay tropecientas versiones circulando en los mercados, con más y menos temas, en este análisis me ceñiré a la versión aparecida en 1994 exclusivamente.

El disco abre con un dialogo de la película en que someten a un sujeto al test Voight-Kampff -la prueba que permite descubrir si un sospechoso es humano o no- antes de llegar a la profunda y planeadora melodía de sintetizador futurista, que nos da la bienvenida a las ciclópeas megalópolis que ahora pueblan la Tierra. Blush Response continua con la melodía del tema anterior e inicia con una nueva conversación, esta vez entre Deckard, el protagonista, y Rachel, una posible replicante, en que uno intenta averiguar la identidad de la segunda explicando los principios del test; durante todo esta charla, la melodía desaparece dejando únicamente una cortina de sonido grave y profunda, a la que inmediatamente después de desaparecer la ultima voz se unen nuevos efectos de sonido, que dan una sensación de cierta agitación aun dentro de la placidez construida por el sonido de sintetizador principal, mucho más artificial que el usado en Carros de Fuego u Opera Sauvage. El toque jazzero se empieza a entrever en la mucho más emocional Wait for me, en la que aparece un saxofón entre los lánguidos tañidos del sintetizador y los ritmos electrónicos, ademas de ese característico sonido como de armónica.

Llegamos a uno de los temas mas icónicos de la cinta, Rachel Song, con un sintetizador que cae como la lluvia envolviendo un armonioso canto femenino, más ceremonial que sensual, con cierto aire de melancolía que encaja a la perfección con el personaje homónimo, del que no quiero mencionar nada para no destrozar la experiencia. El saxofón vuelve en Love Theme, un tema sensual, delicado, una balada puramente jazz reforzada por el sintetizador, que en algunas partes recuerda a las cristalinas notas de una cajita de música y en otras envuelve al conjunto con cortinas y cortinas de sugerentes sonidos electrónicos. One More Kiss parece salida de Fallout: una balada de local de los años cuarenta, con su piano, su voz melódica, sus coros, y ese efecto amortiguado, como si se oyera a través de un transistor de época.

Con Blade Runner Blues sentimos una cierta nostalgia al cine negro a pesar de ser una pieza compuesta exclusivamente por un sintetizador de sonido áspero y distante, con unos ligeros toques cristalinos algo más emotivos. Este es de los temas que, al escucharlo, más sentimientos me evoca, y eso que no es una pieza que destaque mucho salvo por su longitud -no la recuerdo en la película en este momento-; siempre que la escucho, como digo, imagino a Deckard deambulado por callejones oscuros, meditabundo, mientras la lluvia cala sus huesos, encogiéndose bajo su gabardina y refugiándose como puede bajo los relieves de las paredes. El siguiente tema es casi una trampa, pues no es una pieza compuesta para la película sino parte del disco See You Later (1980), pero que casa a la perfección con la temática de la historia como se puede apreciar tras su escucha. El piano de Memories of Green es tristísimo, nostálgico, que unido a esos pitidos, ese como pasar de bólidos y zumbidos cibernéticos se puede entender de donde viene esta tristeza: es como mirar por una ventana que da a un bosque en una época en la que solo el hormigón, el cemento y neón cohabita con la humanidad: un recuerdo de la naturaleza que hemos destruido. En Tales of the Future nos sumergimos de lleno en lo que parece un bazar futurista; una voz rota nos canta en un idioma exótico mientras suena en el fondo un sinuoso titilar sobre una atmósfera enrarecida de sintetizador.

Continuamos con este ambiente árabe tan particular en Damask Rose, del que poco más se puede decir excepto que mantiene el exotismo del que os he hablado anteriormente. Ya nos acercamos al final del álbum, y los títulos de crédito nos explotan con toda la furia de los sintetizadores y los timbales de Vangelis, en un cierre tan espectacular que hasta Informe Semanal lo uso de sintonía. Es muy chocante que una película con una banda sonora tan contenida termine de esta manera tan apoteósica, sobre todo porque en el final no ocurre ningún suceso de este calibre, por lo menos no para merecer semejante explosión. Y así podría haber terminado el álbum perfectamente, pero aun queda una pequeña joyita más, uno de los momentos más icónicos de la película y la historia del cine que… simplemente dejare por aquí, sin decir nada más. Roy Batty lo dirá por mi:

Hasta aquí puedo hablaros de uno de los pilares que hacen de Blade Runner una de las más influyentes obras de ciencia-ficción de la cinematografía; y una de mis películas, que coño, una de mis lo-que-sea favoritas. La música que acompaña a escenas que resultan emblemáticas de por si, como ese plano desde el aire de la ciudad, inspiración y modelo de muchas otras en el futuro; el ojo en que se refleja una explosión; Roy Batty junto a su paloma riéndose de nosotros; aquel sueño en que galopa un unicornio entre la niebla… y como estas, muchas otras. De entre todas las películas en que trabajo Vangelis, esta es sin duda la mejor, un clásico de clásicos, y así como poquísimos recuerdan cintas como Desaparecido, Carros de Fuego o 1492, esta película, y todo lo que nos legó, no se perderá en el tiempo… como lagrimas en la lluvia.

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