Música

Vangelis – Voices

Vangelis Voices

Voices – 7:02

Echoes – 8:25

Come to Me – 4:34

P.S. – 2:06

Ask the Mountains – 7:53

Prelude – 4:25

Loosing Sleep (Still, My Heart) – 6:42

Messages – 7:40

Dream in an Open Place – 5:57

En estas últimas entradas he querido abordar, muy someramente, el trabajo de Vangelis como compositor de bandas sonoras en los 80, aunque me he dejado en el tintero varias, por ejemplo, la música de la película japonesa Antarctica (1983), una preciosa historia que cuenta como una jauría de perros de trineo sobreviven abandonados en la vasta planicie congelada -si, hijos míos, es la película original que luego adaptaría Bajo Cero-, que le valió el premio de la Academia Japonesa a mejor banda sonora. Tampoco he mencionado nada de sus trabajos de estudio, algo que me apena enormemente pues considero a esta una de las etapas más interesantes en la carrera de nuestro barbudo, no en balde fueron los años que vieron nacer a la opera electrónica Mask (1985), la extrañísima Invisible Connections (1985), la sinfonía de la naturaleza Soil Festivities (1984), o el experimento cibernético y psicodélico que fuera el disco con que dió la bienvenida a la década, See You Leter (1980). Y no podemos olvidar, tampoco, que fue en estos años cuando, junto con su amigo Jon Anderson -CHUPITO-, volvió a conseguir el favor del público con cuatro álbumes donde se combinaba lo mejor de ambos artistas. Como conclusión, los años ochenta fueron una etapa de profunda experimentación y reinvención que muy poca gente recuerda por esos mismos motivos; ya no estamos ante el Vangelis cósmico ni el Vangelis emocional, en esos tiempos nos enfrentábamos, por lo menos en cuanto a material de estudio, con un Vangelis único y camaleónico. Pero no venimos a hablar de esta etapa, vayamos un paso mas allá: adentrémonos en los años noventa.

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Vangelis, convertido ya en un venerable anciano

El cambio de década reflejó un nuevo cambio en la música del compositor griego que ya venía anunciando el álbum Direct (1988), compuesto exclusivamente por el llamado método “directo”, que permitía al compositor tocar y grabar a la vez un tema utilizando multitud de empalmes y pedales que unían una cantidad enfermiza de sintetizadores y secuenciadores, dando como resultado que un solo hombre era capaz de grabar en una sola pista de sonido infinidad de melodías y efectos y presentarlos como un tema completo y terminado, sin necesidad de retoques, dotando de frescura y espontaneidad a la composición. Y si, cuando digo hombre quiero decir Vangelis. Desde entonces, Vangelis trabajaría siguiendo siempre este método, explorándolo y refinándolo. También podríamos considerar la creación de 1942: Conquest to Paradise como el inicio de los noventa para Vangelis, que marcaría el sonido de otros álbumes posteriores como El Greco Oceanic. No obstante, puedo adelantaros que los noventa fueron una década muy heterogénea en cuanto a los trabajos del compositor.

Con Voices nos encontramos ante el Vangelis más accesible, muy lejos quedan ya sus experimentos de sintetizador y sus largas sinfonías cósmicas; siguiendo la popularidad del New Age y la música celta y coral, llámala Enya, llámala Adiemus, Vangelis nos trajo un concepto nuevo, la voz humana, y construyo todo un album en alabanza a esta cualidad que a bien tuvo dotarnos la evolución. Podríamos pensar, siguiendo una lógica aplastante, que este álbum estaría compuesto, en exclusiva, de temas cantados similares a las colaboraciones con Jon Anderson e Irene Papas. Pero no, Vangelis es así, y el hace lo que le sale de sus pelotas, y si bien los coros están presentes en la mayor parte de los temas, cantados lo que se dice cantados, solo hay tres. Así que podemos considerar este álbum más como un proyecto instrumental, mas cercano a la New Age que a la electronica, que como un álbum pop-rock.

El tema homónimo conque inicia el disco es una explosión de grandilocuencia en todos y cada uno de sus elementos: los coros son poderosos, envolventes, profundos; la percusión bestial, épica; los sintetizadores refuerzan aun más esta sensación, ora épicos, ora solemnes, ora vivos y coloristas. Voices no debería estar en este disco, contrasta muchísimo con el conjunto de temas y diría yo que se enfrenta directamente con lo que es el concepto, y que saliera en formato de single para presentar al álbum creo que provocó que el público se hiciera una idea muy equivocada de lo que iba a ser este disco. Creo que la potencia, la energía y ese aire arcaico que tiene, como de péplum, sería más adecuada para la película de Alejandro Magno que para un disco tan contenido y atmosférico; pero también tengo que confesar que es una pieza que cada vez que la escucho me emociona y me llena de energías por la fuerza que desprende, por su grandiosidad. Sin embargo… no podría decir lo mismo del siguiente tema, Echoes, un “eco” -el señor de los sinónimos, me llaman- acuático del tema anterior al que me cuesta mucho más defender. Echoes no es una pieza desagradable, sus sintetizadores son muy sugerentes, su piano recuerda poderosamente a lo oído en 1492: Conquest to Paradise, que refuerzan esa atmósfera submarina, incluso sigue contando con coros que le dan una cierta solemnidad que la entronca con el tema anterior del que toma la melodía, pero le priva de toda esa energía, quedando más como un remanso de paz tras la vorágine que por desgracia se alarga demasiado.

Luego de estas dos largas piezas llegamos al primer tema cantado, Come to me, interpretado por Caroline Lavelle, una canción atmosférica, onírica, con un precioso sintetizador que recuerda, en solitario, a un arpa, y a cristalinas campanas cuando acompaña a la susurrante voz de Levelle. Con P.S volvemos al Vangelis delicado, con un piano que más parece caja de música, que retoma la melodía de Voices con una suavidad enternecedora. Y así llegamos a la que, confieso, es la mejor canción del álbum, el brillante diamante enterrado: Ask to the Mountains. Con un exótico ulular, el compositor griego, junto a la cantante y violonchelista Stina Nordenstam, nos sumergen en una atmósfera mezcla de sueño y de paraje imaginario gracias a la tenue melodía, casi murmullo, que acompaña a la mágica voz de Stina, que parece entonar un salmo a las montañas en una lengua desconocida -que en realidad es solo un ingles muy muy deformado- dotando a todo el conjunto de una mística muy particular, de una sugerente espiritualidad. Incluso al final, cuando el piano se convierte en protagonista y la voz se congela en unas pocas silabas que se repiten constantemente, pronto volvemos a esa atmósfera espiritual, a esa ingravidez propia de los sueños, a esa delicadeza nebulosa. En Prelude nos encontramos ante una de las mejores interpretaciones a piano del compositor griego, una pieza breve con una fuerte carga emocional, melancólica, a la que los acompañamientos electrónicos y vocales -una voz femenina se manifiesta en algunas partes- continúan con esa atmósfera de sueño, casi leit-motiv, que ha caracterizado y caracterizaran los siguientes temas. Paul Young es el encargado de poner la voz, distorsionada para la ocasión, a Losing Sleep, una canción bastante pop pese a la densidad de efectos nebulosos que contiene, con un intenso piano y fantasmagóricas cortinas de sonido que continua con la atmósfera emotiva creada por su preludio.

Messages es una pieza raruna, donde unas voces distorsionados van repitiendo una letanía incomprensible sobre un fondo de profundos coros y un ritmo electrónico constante. Aunque resulta algo monótona, debido en parte a su excesiva duración, si tiene momentos muy agradables gracias a ese efecto de flauta y mandolina que acompaña a los coros en algunos momentos. El álbum cierra con Dream in an Open Place, alejándose de esta atmósfera enrarecida al recuperar el piano, convirtiéndose en una pieza muy agradable que recuerda poderosamente a los ya por entonces lejanos temas de Carros de Fuego, desprendiéndonos un poco de la monotonía del tema anterior.

Es muy posible que con Voices nos encontremos ante una obra menor. Y es cierto que hay varios temas insoportables por su duración y prescindibles como Echoes o Messages, al igual que es cierto que el concepto de la voz humana no queda bien representado con tanto contraste entre los temas y que, a mi gusto y juicio, habrian tenido mas sentido si en vez de la voz hubieran sido los sueños el tema principal. Sin embargo, yo no puedo odiar un álbum que incluya Ask to the Mountains, Prelude o Losing Sleep, ni tacharlo de obra poco inspirada o mediocre. Voices es un buen disco al que creo se le ha juzgado muy duramente, tal vez por lo alejado que esta de otros trabajos que definieron el estilo de este compositor, tal vez por alejarse de esa electrónica que ayudo a perfeccionar, o tal vez por los motivos anteriormente expuesto. Pero no creo que eso sea motivo suficiente como para relegar a este álbum al fondo de la discoteca, y no podía despedir el mes de Vangelis sin tratar uno de los discos que más me hicieron amar a este gran músico; porque mi hipster interior, como siempre, tenía que llevarle la contraria a la opinión general.

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Un pensamiento en “Vangelis – Voices

  1. No se puede juzgar duramente a un álbum que, a pesar de tener algunos temas potencialmente prescindibles, incluye a Ask to the mountains, que para mí, es de los temas más inteligentes e imprescindibles de Vangelis (que además como alguien dijo alguna vez es como si a ”le petit fille de la mer” le pusieras voces^^).

    Te queda una de las entradas que más espero del mes de Vangelis 😀

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