Libros

José María Merino – El Caldero de Oro

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Una de las pocas -pocas, poquisimas- ventajas de vivir en una ciudad pequeña con una única librería para toda la población, es que si eres de los que compran libros, digamos, peculiares, al final terminaran por acordarse de tu cara. En mi caso, creo que soy el único lector de Jaén que compra cualquier libro de José María Merino, un autor al que conocí casi de casualidad en una de las clases de literatura de bachillerato. Siempre menciono este detalle, y es verdad que aunque siempre he pertenecido a la raza superior de “ciencias” tuve un maravilloso profesor de lengua castellana que me enseño muchísimo de nuestra vastísima producción literaria en español -de gramática, el pobre, no logro tanto-. Como decía, debo tener unos 6 libros del bueno de Merino, todos comprados religiosamente en aquel humilde santuario donde los tomos están aglutinados en cada rincón, por lo que uno de los dependientes y yo terminamos por desarrollar esa complicidad que solo los libros consiguen, intercambiando, finalmente, nuestros gustos literarios; el también conocía a Merino, le tenia mucho respeto, y aun tengo sus palabras grabadas a fuego: “Merino sera uno de los pocos autores que cuando pasen 200 años se volverá un clásico”

Y tiene razón. José María Merino no es un autor muy conocido, pero ha cultivado con éxito multitud de géneros: poesía, novela, relato breve, microrrelato, hasta novela juvenil e infantil. Miembro de la Academia, ganador de múltiples premios nacionales, es uno de esos autores muy ligados a su tierra, a León, tierra de narradores, de cuentistas al calor del hogar. Merino es un narrador maravilloso, un autor que ha luchado por dignificar al cuento breve y al género fantástico en España, y que incluso ha ganado el afecto de la  ortodoxa intelectualidad aun trabajando con temáticas consideradas “menores” como la fantasía o la ciencia-ficción . He ahí gran parte de la magia de Merino, su talento para contar historia, su labor como cronista del cuento popular y su fuerte identidad. Porque Merino tiene una idiosincrasia muy marcada, sus inquietudes suelen ser recurrentes y su prosa reconocible; es un hombre fascinado por la memoria, los recuerdos, el sueño y la relación lector-libro, metaliteratura, en resumen; un lenguaje siempre de carácter hipnótico y nebuloso. Por desgracia, esto a veces es un arma de doble filo… prueba de ello es esta obra, El Caldero de Oro. Empecemos por la sinopsis, la voy a copiar tal cual la recogía la contraportada de mi edición:

Es esta novela el relato de un tiempo mítico que reúne en sí el pasado y el presente, marcado por las invasiones y los olvidos, origen y testigo de las vidas de quienes lo poblaron desde su principio. El caldero de oro será el símbolo de las estirpes que vivieron junto al río milenario, leyenda fundacional, símbolo insoslayable de la infancia de un protagonista que, un día, regresará al pueblo de sus antepasados, abandonado y solitario, para encontrase con un destino encerrado en su propia historia. Narrada desde la memoria y la imaginación sustentada en un lenguaje que no olvida nunca su condición reveladora, El caldero de oro es una de las obras que evidencian la renovada vitalidad de la literatura española.

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Eso es decir todo y no decir absolutamente nada a la vez: es la sinopsis de Schrodinger. Efectivamente, contarte te cuenta todo… pero eso lo sabes una vez has terminado el libro, porque de primeras solo eres capaz de dilucidar que el caldero de oro tiene una relación, directa o indirecta, con el protagonista. Pero trama, lo que se dice trama, no la muestra. Bueno, teóricamente si la muestra… la culpa realmente es de la estructura y la narrativa del propio libro, que es de todo menos convencional. Intentare resumiroslo: nuestro protagonista, Chino -llamado así por su tez olivacea y sus rasgos amerindios-, que por un suceso en concreto, llamemoslo Spoiler, comienza a enumerar los sucesos que marcaron su vida: recuerda la relación que tuvo con su abuelo, su vida en el pueblo, la tensa convivencia con su familia y, por supuesto, el caldero de oro. Podríamos considerar este el argumento principal, los cimientos sobre los que se sustenta todo… pero os estaría mintiendo. Hablemos de la estructura de la novela.

¿Habéis jugado a Beyond: Two Souls? Este libro sigue una configuración similar. Toda la historia esta contada a modo de flashback y flashforward, como pequeñas estampas independientes que se interrelacionan sin seguir un orden claro ni respetando la voz del narrador -un capitulo puede tener un narrador en tercera persona, otro en segunda-. La diferencia entre Beyond y esta obra es que en el primero este lenguaje fragmentario y desordenado no funcionaba, porque estaba mal organizado y formaba un todo confuso y deslavazado que impedía empatizar con los personajes y, a nivel de historia, no cumplía ningún propósito, no ayudaba a contar la historia de una forma “diferente”; parte de la culpa también era del medio en que estaba, la interacción jugador-historia se resiente mucho con un lenguaje así –este vídeo lo explica mejor que yo-. En cambio, en un libro -o el cine- este tipo de juegos son mucho más fáciles de disfrutar, son muy confusos, pero luego terminan siendo un delicioso puzle que, una vez resuelto, ofrecen un conjunto sólido. Ademas, esta estructura tiene sentido argumentalmente en la novela, pero de eso no quiero hablar mucho. Solo puedo decir que esta es una historia sobre la memoria, y la memoria, sobre todo a largo plazo, suele ser así, anárquica, confusa, fragmentaria, desordenada. Pero Merino va un paso mas allá, pues no solo la memoria de nuestro protagonista, en plena ebullición tras un momento “magdalena proustiana”, es la arcilla con que dar forma a la historia, muchas otras voces se unen a la de Chino para hablarnos sobre el caldero de oro. Merino hace referencia a una memoria genética, una especie de transmigración budista en la que son los antepasados de Chino -las otras vidas de Chino-, de tiempos y lugares muy remotos, los que nos cuentan puntos clave de la historia y como sus vidas terminaron por enlazarse al caldero de oro. Este collage es la forma que tiene Merino de reflejar la complejidad de la memoria humana, pero no es la única, hay otro elemento mÁs: el lenguaje.

Esta novela fue escrita en 1981, y hasta yo me he sorprendido por el lenguaje que utilizaba en aquel entonces. En sus libros de cuentos y sus novelas más recientes Merino no utiliza una prosa tan recargada, barroca en algunos casos, opta por un lenguaje culto pero accesible; aquí al autor le ha dado igual que a veces resultara pesado o ridículamente enrevesado. Poblado por digresiones, descripciones nebulosas y reflexiones de lo más herméticas, el autor utiliza un lenguaje acorde a la historia que estaba contando, un lenguaje que ocultara con un velo onírico lo que quiere decir en todo momento, una capa más de complejidad al turbulento flujo de conciencia, dando como resultado que, en muchas ocasiones, resulte de lo más artificial y molesto. No he utilizado la expresión “doble filo” en la introducción por relleno…

Porque si bien el afán de experimentación, las enormes pretensiones en la forma de narrar la historia y de dotar al lenguaje de una atmósfera alucinógena si bien llegan a cuajar al final de la novela… se convierten en una verdadera pesadilla al principio. El proceso de adaptación a estos elementos poco convencionales es sufrir paginas y paginas de confusión con un lenguaje muchas veces inmisericorde con el lector, y esto es un sacrificio enorme que no cualquiera puede ni quiere hacer, y lo entiendo. Yo mismo reconozco que me ha gustado, y aun con todo lo que he sufrido para completarla, por lo menos el primer tercio, termine por admirarla por completo; y creo que ese seria el mayor problema: esta novela produce mas admiración que afecto. Su complejidad es abrumadora, su resolución, genial, y no obstante todo ello impide conectar con la novela, amar a sus personajes, amar su historia. Aunque debería añadir que, mientras que en Beyond los elementos que intentaban sazonar el argumento terminaban en realidad por lastrarlo, aquí no puedes separar experimentación de argumento, no puedes optar por principio-nudo-desenlace, o por un lenguaje mas ameno, ni prescindir de todas esas voces, porque entonces la historia no tendría fuerza, el mensaje no llegaría.

El Caldero de Oro es una novela singular, un ejercicio colosal y un despliegue como pocos se han visto, pero requieren a un lector paciente, con ganas de ser sorprendido, el mismo lector, me atrevería a decir, que adora a Cortazar -ojo, no os penséis que esta novela es Rayuela o Ulises, para nada, os lo aseguro-. Siempre he defendido que el mejor Merino se encuentra en sus cuentos y relatos breves, y aunque esta novela me haya encantado, no me ha hecho cambiar de opinión. Así y con todo, os debéis leer a un autor como Merino, pero no creo que esta obra deba ser vuestra toma de contacto. Echadle un ojo a sus colecciones de cuentos, sobre todo los de El Barrio del Refugio o El Reino Secreto, y si no os entusiasma este género empezad con el Río del Edén, a La Orilla Oscura -un prodigio de la metaliteratura y más accesible-; empezad con lo que queráis, pero leed a José María Merino.

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