Cine

Perfect Blue

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La carrera como director de Satoshi Kon fue como una supernova: breve, fugaz, pero con un intenso resplandor que, una vez extinguido, hacia que la oscuridad consecuente fuera aun más opaca. Cuatro peliculas, una serie, y un proyecto inacabado fue lo que nos dejo como legado, y de sus cuatro proyectos cinematográficos -porque la serie no la he visto- poco o nada malo puede decirse de ellas. Este director japones tiene algo que le diferencia del resto de directores de animación japonesa; si, por ejemplo, a Miyazaki se le identifica por su fantasía desbordante, sus heroínas, su mensaje ecologista; o a Mamoru Hosoda su trazo ágil y dinámico; o al ya veteranísimo Isao Takahata sus tramas más costumbristas, adultas y dramáticas, al bueno de Kon se le puede identificar por su montaje.

El montaje es un elemento que muchas veces pasa desapercibido a la hora de ver una película, es uno de esos elementos que, cuando el ojo no entrenado se fija en ellos, es cuando lo esta haciendo todo mal. Sin embargo, el montaje es el componente principal e identificativo del cine; así como la abstracción sonora es el canal por el cual la música transmite su mensaje, o la abstracción narrativa en la literatura, el montaje es el canal que define al cine: no existiría cine sin montaje. Sin esa sucesión de transiciones, cortes o movimientos que permiten al cerebro del espectador visualizar las distintas imágenes de que se compone una película como un todo ordenado el cine no sería cine, sería algo muy diferente. Como digo, no es algo a lo que se suele dar importancia salvo cuando se hace estrepitosamente mal, o se presenta de una forma única, diferente o muy pintoresca. Por ejemplo: ¿Quién no se fijaría en el montaje de Whiplash? Es rápido, visceral, contundente, frenético, no da un respiro en su clímax ¿Cómo podría pasar algo así desapercibido? ¿O esos planos secuencia a los que Iñarritu se ha aficionado tanto en estos últimos tres años? Son formas tan diferentes de narrar con imágenes que no pueden pasar desapercibido al espectador medio -y quiero hacer mucho hincapié en esta acotación, porque quien haya visto muchísimo más cine seguro que entiende mil veces más de montaje que yo-. Con Satoshi Kon ocurre exactamente lo mismo, y en ésta, su opera prima, ya se empieza a ver el estilo onírico-alucinatorio característico que alcanzaría su plenitud en Paprika (si, la Origen versión japonesa).

Esta es la historia de Mima, una joven cantante e ídolo de masas adolescentes que quiere convertirse en una verdadera estrella más allá de la efímera fama que confieren las modas. Su mánager, viendo que su popularidad va disminuyendo, decide buscarle un papel en una serie de televisión. Es entonces cuando nuestra protagonista empieza a sumirse en una profunda depresión causada por las dudosas perspectivas de éxito en su nueva vida laboral, y por el descubrimiento de una pagina de Internet donde esta expuesta toda su vida, ademas de que alguien con muy malas intenciones parece estar acosándola desde las sombras. Este cúmulo de circunstancias provocará que la delgada linea que separa su vida real y la ilusión empiece a resquebrajarse…

Desde el minuto 1 de película, Kon ya nos esta bombardeando con información que nos permite enunciar algunos de sus temas. La cinta comienza en el último concierto de Mima con su grupo ante una legión de adolescentes fanatizados gozando de la música y de la visión de sus ídolos musicales; de entre todos los adolescentes podemos ver a varios alborotadores, riéndose del resto del publico y de las cantantes -a las que, incluso, uno llega a confrontar cuestionando su verdadera popularidad-; pero hay otra figura que destaca de entre el publico por su comportamiento y apariencia siniestra: el acosador. Solo con estos 5 minutos, mas otros elementos ulteriores, podemos empezar a sacar conclusiones.

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Aceptemoslo. Nuestros proyectos de cantantes adolescentes no son tan kawaii-dusunes

Primero, el fenómeno “idol” en Japón y el fanatismo adolescente. Podríamos hacer una comparativa entre estas agrupaciones de jóvenes cantantes con las “boy bands” occidentales: ambos son productos preparados por las discográficas para explotar a un “target” muy determinado, los adolescentes con gustos apenas moldeados. Sin embargo, en Japón eso se lleva un paso mas allá. La popularidad de un “idol” japones es aun más efímera y restrictiva que la de unos Jonas Brothers o unos Backstreet Boys -a lo largo de la película vemos como Mima va en tren sin preocupación: casi nadie la reconoce-, pero su influencia es mucho más intensa en ese grupúsculo determinado: un idol es un modelo de rectitud y virtud para los jóvenes, figuras casi virginales que la edad empieza a enturbiar poco a poco. Si a esta influencia le añadimos que el fanatismo nipón es algo más exagerado -tengo entendido yo- que en Occidente, es fácil intuir por donde van a ir los tiros.

Segundo, la personalidad de la propia Mima. Como ya he dicho antes, el trabajo de idol tiene una fecha de caducidad bastante temprana, y cuando Mima -bueno, casi más su manager- ve que su popularidad empieza a caer decide probar suerte en el mundo de la actuación. Desde el concierto vemos a Mima como un personaje frágil, poco más que una chiquilla que no sabe como funciona el mundo ni sabe manejar la poca fama que aun tiene. El comportamiento de Mima destaca de entre el resto de personajes: es a la única que vemos vacilante, temerosa, insegura, mirando inquieta a todos y a todo. Voy a intentar explicar esto sin destripar nada de la película, me gustaría que cualquiera que sienta curiosidad pueda ver la película con ojos vírgenes. Solo tened en cuenta que estos dos elementos se identifican en los 10 primeros minutos, aun queda una hora de película que va a seguir siendo terreno ignoto. Y si, la película es bastante breve, no alcanza la hora y media de metraje.

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Darren Aronofski es gran admirador del trabajo de Kon, hasta el punto de comprar los derechos de la película solo para poder usar esta escena para Réquiem por un sueño

El eje vertebrador de la cinta es Mima, o mejor dicho, la psique de Mima. La joven cantante, como se ha dicho por la sinopsis, no empieza con buen pie en el mundo de la televisión, es un oficio para el que ni esta preparada profesionalmente ni tiene la suficiente madurez. Esto es algo que se ve simplemente observando el comportamiento de la protagonista y las elecciones que va tomando a lo largo de su recién comenzada carrera actoral. Digamos que empieza a vivir su particular descenso a los infiernos, descenso que empieza a resquebrajar la de por si delicada mente de nuestra protagonista. Y si a esto le añadimos el acoso constante que empieza a recibir por parte de uno de sus fans más enloquecidos podemos usar palabras más fuertes que resquebrajar. El porqué de este acoso es fácil de intuir si conocéis a que grado de fanatismo pueden llegar algunas personas: el nuevo rol de Mima no es lo que se esperaría de una idol, y eso sus fans no lo pueden perdonar. O mejor dicho, ni sus fans, ni la propia Mima. En este punto podríamos añadir a la breve lista de temas dos más: el morbo y la falta de escrúpulos de los estudios, que disfrutan machacando la virtud de lo que era una figura virtuosa sin macula, y la apreciación que hacemos de los famosos. De este primero poco más quiero añadir, pero creo que el segundo merece una matización.

¿Recordáis cuando todo el mundo se volvió histérico cuando Miley Cyrus, aka Hanna Montana, apareció semidesnuda restregándose contra la cebolleta de uno de los cantantes mientras gesticulaba como si sufriera de parálisis facial periférica? Los famosos son figuras de casi dominio publico, su vida, su trabajo, en parte, esta para disfrute de las personas. Pero muchas veces se olvida que detrás de la imagen, detrás del trabajo de una celebridad, hay una persona, una persona que tiene una vida y que quiere vivirla como ella considere conveniente. Sin embargo, la imagen que nos hacemos de esa persona es tan fuerte, tan solida, que a veces entra en conflicto con la verdadera forma de ser de la misma. Mucha gente le dijo de todo a Miley Cyrus por su nueva imagen -en la que no me pienso mojar mas allá de este ejemplo-, y eso es porque mucha gente veía en la cantante un modelo a seguir, en alguien en quien poder convertirse, en palabras más técnicas: ellos, adolescentes o jóvenes adultos que habían crecido con la inocente Hanna, vivían, en parte, a partir de ella, cuando vieron esos nuevos “defectos” fueron conscientes de los propios, y esa visión que tenían del icono comienza a tambalearse. En términos psicológicos a esto se le llama proyección psicológica, o efecto espejo, y puede ocurrir tanto en el día a día como con la idea que nos hacemos de las celebridades. Sin ir más lejos, por poner unos ejemplos, las madres que quieren vivir a través del talento de sus hijos para prolongar sus sueños rotos entran dentro de esta patología; o cuando una persona nos desagrada porque manifiesta los mismos defectos que nosotros. Por supuesto, en el mentado caso Miley, en lineas generales y pese a tanta palabrería, no fue más allá de un cabreo; pero aquí, en esta película, estamos tratando con elementos de la sociedad cuya estabilidad mental deja mucho que desear, por lo que todo esto se lleva hasta a las últimas consecuencias.

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Maravillosa ilustración de la película por Sishika (@Art_Sisikha)

Mima es un personaje inestable, pero no es el único, como he dicho al principio de este análisis. Cuando Mima elige su nuevo rol, este nuevo rol entra en conflicto con la imagen que mucha gente tenia de la cantante, y entra en conflicto con la imagen que ella tenia de si misma. Aquí es donde empieza la verdadera Perfect Blue, el descenso a los infiernos, la mezcla entre realidad y alucinación. Conforme nos vamos acercando a la mitad de la película este conflicto interno que sufre la protagonista se extrapola a la realidad y empieza a distorsionarla; no solo apreciamos este nuevo mundo a través de los torturados ojos de Mima, la alucinación empieza a interactuar con otros personajes y otros elementos. Me explico. Varios personajes tienen una relación muy directa con la protagonista, una conexión psicológica, podríamos decir, que hacen que su realidad se vea igual de distorsionada. Y la forma que tiene Kon de mostrar este collage de perspectivas en conflicto es, por supuesto, a través del montaje.

Sathosi Kon es más japones que un dorayaki, y esto es algo a tener muy en cuenta para no sorprendernos por la forma de abordar la historia ni los temas que trata. Al principio de la obra, cuando se están presentando a los personajes y se esta perfilando la delicada personalidad de la protagonista, el director ya empieza a introducir pequeños detalles que auguraran ese momento de disociación con la realidad. Pero cuando llega este punto de inflexión todo se vuelve confuso, un delirio. Si al principio el director mantenía la tensión con mano firme, en el momento en que todo estalla nos arroja su mejor material: transiciones que salen de ninguna parte, elipsis constantes, disociaciones de la personalidad utilizando espejos y reflejos, translocaciones, desviaros oníricos. La confusión mental de la protagonista permea al resto de personajes y a la realidad misma, convirtiendo el ultimo tercio -casi diría toda la segunda mitad- en un juego de prestidigitación en que Kon intenta hacernos dudar de todo, angustiarnos por la confusión de no saber. No obstante, la historia no es solo el descenso psicológico a los infiernos de Mima, recordad al acosador, el también tiene una subtrama, y del mismo modo que Kon disfruta siendo opresivo y frió con el arco de su protagonista, también se permite ser sorprendentemente visceral y violento para narrar las acciones de este. La mezcla de estos estilos tan antagónicos dan como resultado un montaje tan desasogantemente inspirado y único, y por ende, a una historia tan caótica como la desquiciada mente de sus personajes.

Y no tenéis porque creerme a mi, que soy un Johnny cualquiera. Tony Zhou os contara mucho mejor que yo porque este tío era tan bueno en lo que hacia.

 

Me gustaría permitirme aquí una apreciación personal. Como habéis podido apreciar por el tono de la entrada, esta es una de esas películas que marca a uno, de esas que no dejan indiferente; prueba de ello es la influencia que ha tenido en directores posteriores y el seguimiento de culto que aun a día de hoy sigue recomendándola como uno de los mejores thrillers psicológicos, y una de las mejores películas de animación japonesas. A mi también me ha encantado. Pero yo si tengo problemas con ella, sobre todo con el final. Veréis, Perfect Blue es una obra de matices e insinuaciones en la que se narran en segundo plano, a través de imágenes y pequeños gestos, diálogos, partes importantes que anuncian el final -por poneros un ejemplo, es lo que Fincher haría con su El club de la lucha, pero aun más sutil-, porque el clímax final es importante. Sin embargo… es algo decepcionante. Me explico. El director, en ese magistral tour de force conque nos ha deleitado, confundiéndonos en todo momento para hacernos dudar de cada uno de los actos de nuestra protagonista, pretende que nos sorprendamos en un momento tipicamente Dio (!!Pensabais que era X, pero en realidad era Yo, Dio¡¡… algo así) que, personalmente, a mi me hizo encogerme de hombros. Me has liado tanto que ese desenlace me parece una tontería; que si, que venia anunciándose desde un primer momento con esa serie de matices soterrados… pero aun así, yo ya no estaba con el estado emocional necesario para dejarme sorprender otra vez. Ojo, luego tenemos una escena impresionantemente onírica donde la magia de Kon vuelve a aparecer y a deleitarnos, si. Pero a mi no me gusto particularmente, es el doble filo que le encuentro a estas historias que gustan de rizar el rizo más de la cuenta: llega un momento en que saturas la atención del espectador hasta el punto de no poder sorprenderse con el que debería ser el mejor de los giros.

Pero quitando ésto, la cinta es una verdadera pasada. No es mi película favorita del director, ese lugar lo ocupa la emotiva Tokyo Godfathers, tampoco es donde se hacen los mayores alardes técnicos -cualquiera que vea Paprika estará de acuerdo conmigo-, pero si es la más impactante, más tratándose de su primer trabajo. No es perfecto, y he querido dar constancia de ello; sin embargo, pocas películas son como Perfect Blue ¿Recordáis esa incendiaria reseña de Sucker Punch en la que os recomendé películas psicológicas de verdad? Bueno, añadid Perfect Blue a esa batería de recomendaciones. Fijaos que he intentado analizar esta obra intentando destripar lo mínimo posible; no podéis haceros una idea de cuanto me ha costado, cuantas veces he tenido que borrar un párrafo entero. Si he puesto tanto empeño en que llegarais vírgenes a esta cinta es por el simple hecho de instaros a que la veáis, que la pongáis la primera en vuestra lista de pendientes y deis puerta al resto. Hacedlo solo por el esfuerzo que me ha supuesto morderme la lengua a cada frase que lograba terminar satisfactoriamente, hacedlo por el trabajo que me ha supuesto documentarme para escribir esta reseña. O hacedlo por este gatito…

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Porque si no lo hacéis el gatito morirá… a mis manos

 

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2 pensamientos en “Perfect Blue

  1. Sólo hay dos cosas que me dan mal rollo: Sadako y la intro de Paranoia Agent xDD ¡Tienes que verla! (la serie :p)

    Hace un par de meses revisioné sus películas y, como tengo un lado un poco masoquista, vi una por día. Perfect Blue me encanta. La verdad es que el comentario era más que nada para animarte a ver la serie porque de Perfect Blue ya lo has dicho todo y no hay nada para rebatir xDD
    Me ha encantado la entrada, tan detallada pero sin desvelar apenas nada. Lo de Miley Cyrus es un ejemplo perfecto xD

    Un beso!

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