Libros

La Isla de Bowen – César Mallorquí

Estimados lectores, damas y caballeros, niños y niñas, estáis a puntos de presenciar algo único que cambiara vuestras vidas, un prodigio que dejara a las auroras boreales como luces de navidad y a las erupciones volcánicas como ridículas flatulencias geotérmicas; así que agárrense bien fuerte de los pezones que se avecinan curvas:

Voy a reseñar novela juvenil

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Murnau, vendido hijo de puta….

Así es, soy un vendido, estoy ansioso de bañarme en likes y dolares, beber champan en jacuzzis y de que las muchachas me lancen sus bragas en la feria del libro. O sea: vivir la vida del Booktuber de estraperlo. Eh, si Bob Dylan puede ganar un Nobel yo también puedo unirme al gremio. En fin, centrémonos. Vamos a hablar de libros, que para eso estáis aquí.

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Hace ya un tiempo que leí una entrevista que hicieron a Cesar Mallorqui, autor consagrado en este humilde género que tanto seguimiento tiene entre la comunidad lectora virtual, aunque yo haya renegado de ella desde que tengo 16 años, más o menos. De la entrevista saqué en claro varias cosas: que el bueno de Cesar es más majo que las pesetas, que controla muchísimo de novela popular y del género de aventuras, que tiene una imaginación fecunda e inagotable, y que escribe historias que me gustan de géneros que me gustan. El bueno de Cesar es un amante de la aventura clásica, de Julio Verne y Arthur Conan Doyle, de Tintín y Corto Maltes, de Robert Louis Stevenson y Emilio Salgari, en resumen, de esas historias que nos leían de pequeños o veíamos en maravillosas películas de serie Z protagonizadas por maquetas monstruosas movidas con el stop motion más cutranco; esa evocación nostálgica de los entretenimientos infantiles siempre han estado presentes en sus libros, según el mismo confesó, pero es en esta novela en la que más ha volcado esos recuerdos y experiencias como lector y espectador. Y se nota muchísimo.

La Isla de Bowen empieza de una forma muy similar a El Mundo Perdido de Conan Doyle: un joven madrileño vuelve a su hogar tras pasar parte de su vida en París en busca de trabajo como fotógrafo en la urbe. A los pocos días da con una oferta de SIGMA, una asociación científica dedicada a la exploración de los rincones más ignotos del mundo, dirigida por el puño de hierro del belicoso y flamígero Ulises Zarco, un remedo de profesor Challenger pero aun más pasado de rosca. El profesor Zarco planea explorar los tepuys, unas mesetas gigantescas de la selva amazónica que parecen haber sido sacadas de la tierra como si fueran columnas; sin embargo, su empresa se ve interrumpida por la aparición de Lisa Foggart e hija, que piden al profesor ayuda para encontrar a su marido, que ha desaparecido explorando las islas del océano polar Ártico. Para colmo, un multimillonario con bastante pocos escrúpulos está persiguiéndolas por motivos que aun no alcanzan a entender…

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Solo con la sinopsis podemos rastrear, a vuela pluma, la mayor parte de las novelas que han dado origen a esta: tenemos personajes y lugares similares a los de El Mundo Perdido, el escenario polar similar al de La Esfinge de los Hielos o La Narracion de Arthur Gordon Pym, la acción de un Emilio Salgari en estado de gracia, y cierta ingenuidad que recuerda a Tintin; hasta hay un personaje que se apellida Verne, no me jodas. Todo este cóctel da lugar a una novela muy divertida, muy fácil de leer, pero que ha sacrificado demasiadas cosas para llegar al publico que busca. Me explico.

El ritmo de la novela es desenfrenado, hasta el punto que hace que la obra, con sus más de 400 paginas, resulte apresurada en todo momento. Los personajes tienen un desarrollo casi inexistente que se ve forzado por la simpleza de los diálogos y la casi inexistencia de digresiones o introspecciones. A Cesar Mallorqui  le gusta ir al grano, y ahí es donde va, no se detiene en minucias ni deja hablar a sus personajes de cosas que no tengan que ver con la trama o sus mínimas historias personales, por lo que cuando llegamos al epilogo sentimos que hemos acompañado de excursión a un puñado de desconocidos, solo sabemos, más por pura repetición que por las circunstancias, que Zarco es un cascarrabias, Lisa y su hija mujeres fuertes e independientes, y Sam, nuestro protagonista, un chico fúnebre. Y me da mucha pena que sea así, porque sus trasfondos eran una materia prima maravillosa con la que modelar personajes interesantes. A la hora de la verdad tenemos que quedarnos solo con unas cuantas historias interesantes que quedan como islas en un océano de acción, que es lo que de verdad interesa, parece.

Y, sin embargo, si hay algo en lo que se detiene Mallorqui: las explicaciones. El autor barcelones no deja localización, objeto, ingenio tecnológico, evento o personaje histórico sin explicación. No da nada por supuesto, todo el texto esta salpicado de constantes definiciones y aclaraciones -no hablo de pies de paginas, no-, muchas de ellas intrusivas, que rompen diálogos o escenas enteras, dando al conjunto un regusto excesivamente artificial. Esto se nota sobre todo en los diálogos; si pierdes la naturalidad en los diálogos y quedan forzados te estas cargando la inmersión por completo. Claro que esto no es un defecto exclusivo del autor… ¿Alguno de vosotros ha leído a Julio Verne recientemente? Porque si es así seguro que se ha fijado que hay párrafos y párrafos explicando que si Rusia fue fundada en el año X, que si los globos aerostáticos funcionan con no-se-que-gas y eso fue descubierto por tal personaje en tal lugar y en tal fecha mientras fumaba en pipa y acariciaba el lomo a su mastín. Julio Verne construía aventuras maravillosas, pero muchas veces rompía la acción por puro afán divulgativo: dejaba de ser escritor para ser profesor. Pero eso tampoco es culpa suya, por lo menos no toda, pues los Viajes Extraordinarios nacieron como una forma de enseñar los conocimientos geográficos, científicos y astronómicos acumulados por la ciencia de aquella época a la población. Como esta novela se supone quiere volver a transmitir las mismas sensaciones que nos provocaron nuestras primeras lecturas vernianas supongo que tenemos que verlo más como un tributo que como un defecto. Un tributo de mierda, pero en fin.

Pero si dejamos de lado la simpleza de los personajes, de los diálogos y la narración, así como las apabullantes explicaciones que salpican el texto, que son los mayores defectos que he encontrado y que como he dicho creo se deben al público al que están dirigido, lo que tenemos es una novela de aventuras repleta de acción maravillosa, con giros argumentales bien conseguidos y muchísima creatividad. No voy a negar que he disfrutado muchísimo la novela, como cuando era crió y me sorprendía de que en las selvas vírgenes del amazonas siguiesen deambulando dinosaurios. En más de una ocasión me he sorprendido retomando la lectura a cualquier momento que tuviera libre, como si eran cinco minutos, solo para ver cual seria el siguiente descubrimiento, y eso muy pocos libros lo han conseguido. También es de los libros que mas rápido he terminado, gracias a ese estilo sencillo y al ritmo ágil.  No es un mal libro, pero yo no soy su publico objetivo, estoy seguro que un lector adecuado aficionado al género disfrutara mucho mas esta obra y perdonara todos estos defectos.

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