Libros

Guillem López – Arañas de Marte

Teoría de la incertidumbre. Heisenberg. El físico, no el narcotraficante calvo. Schrodinger. Gato vivo. Gato muerto. Una caja, dentro, un gato, veneno, y un isotopo radioactivo. Isotopo se desintegra. Isotopo no se desintegra. Se libera el veneno. No se libera el veneno. Abres la caja: gato vivo, gato muerto. No la abres: gato vivo y muerto.

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¿No es maravilloso que en esta época una sit-com haya enseñado -y popularizado- uno de los conceptos de física cuántica más abstractos? Desde que el inefable Sheldon Cooper explicara en horario de máxima audiencia esta teoría nadie sabia nada del puto gato de los cojones, y ahora lo tenemos en memes, tazas, chapitas, hasta camisetas. Schrodinger es oficialmente mainstream, una putada para físicos y frikis de todo el mundo, que han perdido otra pieza más de su autenticidad por culpa de la globalización de lo raruno. Lo único bueno que tiene es que, ahora, el número de personas que puede acercarse a obras como la de Guillem López sin sentirse completamente excluido del juego que nos ofrece. Y este es un juego que, si no sabes a lo que te estas enfrentando, vas a querer rechazar a la pagina 20.

La editorial Valdemar siempre ha tenido como carta de presentación traer a los bichos raros del terror, la fantasia y la ciencia ficción desde que el género empezara a dar por culo hace unos 200-300 años, more or less. Lo que no es tan habitual es que nos sorprendan trayéndonos a nuestros hogares a los bichos raros actuales y desconocidos, los Thomas Ligotti, los Emilio Bueso, los David Wong. Pero ahora han dado una vuelta de tuerca más, ahora nos traen a nuestros conciudadanos vivitos y coleando, algo que llevaban sin hacer desde hace más de 10 años, en los que aparecieron en escena autores de la talla de Pilar Pedraza o Juan Manuel de Prada -si, ESE Juan Manuel de Prada-. Y esta trayectoria que están recuperando me encanta: me encanta conocer nuevos autores, y me encanta conocer como ve el género un español, que identidad le da. Eso fue uno de los motivos que me catapultaron sin dudar a por este libro de Guillém López sin ningún conocimiento previo del autor, sin saber siquiera de que iba el libro, confiando exclusivamente en el criterio de la editorial. Y bueno…

El gato de Schrodinger puede definir estupendamente mi situación.

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Arañas de Marte nos cuenta un drama familiar de la hostia. Hanne y Arnau, una pareja valenciana, acaban de perder a su hijo, sumiendo a Hanne en una profunda depresión que comienza muy pronto a convertirse en delirio: sus recuerdos empiezan a confundirse unos con otros, mezclándose su memoria a corto plazo y a largo plazo, creando un popurrí confuso que hace que nuestra protagonista no sepa en que realidad se encuentra. A esta fragilidad mental se añade la física cuántica para retorcer aún más la trama; y es que Hanne comienza a recordar vidas que no ha vivido, o que si ha vivido, y que no sabe ubicar exactamente en el tiempo. Y es mejor no destripar más de la trama, es mucho mas divertido lanzarse de lleno por este tobogán descendente hacia lo mas descarnado de la miseria humana a que venga un Johnny como yo y os arroje de una patada espartana.

Hay varios puntos que me gustaría tratar en esta entrada con respecto a la novela: cosas que me han gustado, y cosas que no. Como soy un sádico y un maltratador emocional, prefiero empezar fuerte con el bisturí y sacar a relucir lo malo, lo pútrido, lo que huele peste. No he sido fan del estilo de Guillém López, para nada, en ningún momento he logrado conectar con el ni con su drama humano. Desde la primera frase ya sabia que no me iba a gustar, porque Guillém es de esos tíos cínicos, agrios y biliosos a los que les gusta mostrar el absurdo de las convenciones sociales que gobiernan nuestras vidas y el asco que le producen con metáforas y comparaciones, o excesivamente rebuscadas, o excesivamente pretenciosas, y siempre desde esa posición superior que confiere el saberte el único poseedor de una verdad que, según tu, la gente no puede ver porque, o es imbécil o prefiere engañarse a si misma. Esa torre de marfil en la que sitúa al narrador, y desde la que decide contarnos la historia, con ese tono de sorna y esa mala uva, me resulta poco creíble y molesto por lo exagerado; me huele a cinismo impostado, a pura pose, a tablón de Facebook. Y eso me cabrea, porque es ese tono presuntamente desencantado  el que impide por completo conectar con los personajes y parte de la historia. Aunque de esto no tiene solo la culpa el tono, los personajes son totalmente despreciables a su modo, un conglomerado de lo peorcito del ser humano que, gracias a Dios porque ya hubiera sido la gota que colma el vaso, nunca se escudan en su desgracia personal para justificar su comportamiento deleznable: son hijos de puta, si, pero hijos de puta honestos.

No solo el tono de la narración me ha resultado desagradable, el estilo inconsistente conque escribe Guillém no ha ayudado nada. Guillém es muy contundente a la hora de escribir: frases cortas, concisión, comparaciones desagradable y realismo. A veces es un gozo leerlo, sobre todo en sus grandes momentos, pero en otras sirve como refuerzo negativo al retintin edgy, y da una capa de pretenciosidad más a ciertas metáforas y analogías.

Otro detallito más que no he entendido, pero que es algo totalmente personal, es el hecho de que la historia está ambientada en el futuro, cercano, si, pero el futuro al fin y al cabo. Sin embargo, uno no siente ningún cambio destacable, los escenarios son igual de anodinos que el presente en que vivimos. Es una tontería mía, como he dicho, pero no quería dejar de resaltarlo porque, ¿qué sentido tiene ambientar una historia en el futuro si tu futuro es idéntico al presente?.

Si decidiera finalizar la entrada justo aquí la opinión general sería que esta novela me ha parecido una castaña pilonga. Pero, recordad, gato vivo-gato muerto. Cuando termine la novela y la cerré, me quede sentando, reflexionando sobre lo que acababa de leer, necesitaba ordenar mis ideas. Recuerdo que lo primero que dije fue “este tío es un enfermo mental”, seguido por un sonoro “me encanta”. Y es verdad, me ha encantado. Porque la novela es un maravilloso estudio de la locura humana, tan bien detallado que de verdad sientes como la realidad a tu alrededor se tambalea. Arañas de Marte es como El Rey de Amarillo en el sentido de que nuestra realidad se puede fragmentar en mil pedazos y de las formas mas sórdidas sólo con poner tus manazas sobre el objeto equivocado. Hay escenas en la novela que son terroríficas, pero no por el impacto que causa la escena en sí, que también, porque cuando el autor dice de ponerse borrico se pone -que son los momentos en que de verdad el estilo de Guillém brilla como la luz de una estrella agonizante-, si no por los oscuros significados soterrados que encierra. Había un termino para definir ese tipo de terror: el horror de frigorífico; el terror que aparece mucho después de haber terminado el libro, que te sorprende mientras estas haciendo, yo que se, una paella, que, de repente, al recordar lo leído y vislumbrar su verdadero significado, te hace soltar la bolsa de garrofós y exclamar un: HOSTIA PUTA.

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2 SPOOKY MA BOY

Voy a extenderme un poquito más para explicar este punto anterior. Como hemos dicho antes con el gato, la superposición cuántica dice, a grosso modo, que un objeto presenta más de un estado a la vez pero que, a la hora de observarlo, solo uno de éstos se nos hace visible. Si abrimos la caja, el gato estará vivo o muerto, pero mientras la caja este cerrado el gato mantendrá esa naturaleza ambigua. Si extrapolamos ésto, a grosso modo también, a la novela, se traduce en que Hanne es capaz de recordar distintas realidades, realidades muy parecidas o muy diferentes a las que ha vivido que han surgido a partir de ramificaciones del sendero rectilíneo original de su vida. Parece un concepto abstracto, pero realmente es mucho más intuitivo de lo que parece. El autor hace un trabajo maravilloso a la hora de bifurcar los senderos -como el cuento de Borges, que tiene también su tufillo cuántico- y entrelazarlos unos con otros, creando un caos lo suficientemente ordenado como para no resultar confuso y frustrante al lector. Esta es la gran virtud de la novela, la que hace perdonar, en parte, todos los defectos que he enumerado anteriormente; la que convierte a Guillém López en uno de los grandes autores de ficción oscura de nuestro país por su originalidad y talento.

Me ha costado mucho enfocar esta crítica, porque dependiendo del día la reseña estaba más viva que muerta y viceversa. He tenido sentimientos encontrados con esta novela, no ha sido una lectura fácil, pero cuando te atrapa no te suelta. Hacía mucho tiempo que no leía una novela de terror tan refrescante y diferente. La he amado y la he odiado, y no ha sido hasta que he logrado poner por escrito todos mis pensamientos que he conseguido aclarar mis impresiones. Es una buena novela, con sus defectos, que muchos seguramente puedan pasar por alto y perdonar, o que ni siquiera los consideraran como tales. Tal vez me he pasado, pero no pretendía alejaros de esta obra, más bien intentar mostraros lo que os vais a encontrar para que no la rechacéis si el escenario se vuelve excesivamente morboso. Espero haberlo conseguido.

 

 

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