Música

Vangelis – Chariots of Fire

Vangelis-Chariots_Of_Fire-Frontal

Titles – 3:25

Five Circles – 5:15

Abraham’s theme – 3:14

Eric’s theme – 4:04

100 metres – 2:00

Jerusalem – 2:40

Chariots of fire – 20:34

¿Quién no conoce ese famoso piano que suena en cada competición deportiva y nos hace pensar en grupos de deportistas corriendo a cámara lenta? Ya me lo imaginaba. Pues sí, sin duda alguna, Carros de Fuego debe de ser una de las bandas sonoras más icónica de la cinematografía, pese a pertenecer a una película que fue popular hace 30 años y que a día de hoy casi nadie recuerda por motivos tal vez justificados, tal vez no. Lo que es innegable es el peso de esta música, que trascendió a la propia película, convirtiéndose en el himno deportivo por antonomasia, utilizada en cualquier evento, parodiada en casi cualquier contexto. Y sin embargo, no todo el mundo sabe que este tema pertenece, por supuesto, a nuestro barbudo griego favorito.

vang1980

Vangelis en los 80

Carros de Fuego es una de esas películas laureadas con el Óscar a Mejor Película desconocidas, y a las que el paso del tiempo más ha sumido en olvido más profundo; casi podría asegurar, como he dicho antes, que lo único que ha quedado en el recuerdo de esta cinta en la cultura popular es su poco convencional banda sonora. Y es curioso, porque en su época Carros de Fuego fue recibida con entusiasmo tanto de la crítica como del público, por su trama original e interesante, su temática deportiva, su emotividad sin efectismos, su frescura y naturalidad, su contención tan british -aunque un poco posteriores, películas como Lo que queda del día son un ejemplo de este cine más intimista-; contar con una banda sonora así, de sintetizador y piano, en una película sobre unos atletas olímpicos de 1924 hizo acrecentar aun más esta admiración, cuando debería haber sido lo contrario, porque hay muchas películas a las que este contraste terminó por perjudicarles enormemente -véase Lady Halcón, aunque no lo comparto-. El caso es que el director Hugh Hudson, del cual afirmo sin miedo a equivocarme que nunca pudo igualar este éxito con ningún otro film, necesitaba una chispa de creatividad más, un “je ne se quoi” que hiciera que su proyecto llegara a la academia, y al publico, por supuesto; y tuvo la suerte de encontrar a un compositor en Lóndres en plena efervescencia , cuya carrera en los setenta no había pasado desapercibida a nadie, y con una ligera experiencia en lo que a poner música a películas se refiere. Así fue como el director y el compositor se encontraron y como en 1981 Carros de Fuego se llevo el Óscar no solo a Mejor Película, también el de Mejor Banda Sonora -y hablamos del año en que John Williams creó Indiana Jones, no digo más-.

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Hugh Hudson junto a Vangelis en un encuentro reciente. Pero que cabrona es la edad…

Como ya dije en anteriores entradas, Vangelis no era un novato en cuanto a bandas sonoras; ya había trabajado con Frederic Rossif ambientando documentales y en películas underground como Sex Power. Carros de Fuego fue su primer trabajo internacional y de éxito mundial, y la llave que le abriría la puerta a filmes hollywoodienses de todo tipo, de mayor y menor acogida. Sin embargo, Vangelis es un tipo peculiar. Jon Anderson -cada vez que salga, chupito- dijo que se definía como un artista, que no quería que le reconocieran como un artesano de bandas sonoras ni le importaba el éxito: el quería hacer música, porque era un artista, y chus. Por eso el muy cabrón no dejó que publicaran todos sus trabajos cinematográficos, e impidió que algunos de ellos salieran a tiempo, como Blade Runner, que apareció casi 15 años después del estreno de la película. Y no solo eso, este es el motivo por el cual el formato de estudio de sus bandas sonoras es tan puesto en duda y criticado, porque a Vangelis no le interesaba hacer un recopilatorio al uso que recogiera la música de la película, con una presentación y orden similar a como iban apareciendo en la cinta, no, no… Los trabajos publicados, como Blade Runner, 1492: Conquista del Paraíso, Antarctica, Alejandro Magno, incluyen la música de la película, que no toda, y nuevos temas que no aparecen en la película, y están dispuestos siguiendo la estructura de un álbum de estudio convencional, como si fuera un trabajo propio del compositor desvinculado del film más que la típica banda sonora. Es más, el director Hugh Hudson uso temas del disco Opera Sauvage en la película, L’Enfant, creo, que, obviamente, no aparecen en este álbum, por ejemplo. Por eso por Internet pululan multitud de grabaciones bootlegs con algunos temas diferentes de casi todas las bandas sonoras de Vangelis, publicadas o no.

Dejando claro que Vangelis es un capullo y que nos ha privado de la maravillosa música de Desaparecido o Motín a Bordo, también hay que aclarar que es un genio en lo que a componer bandas sonoras se refiere. Todo aquel vinculado a la película que colaboraba con el se quedaba obnubilado por su forma de trabajar, tan poco ortodoxa como su música. El compositor heleno utilizaba los fragmentos del montaje que le enviaban y requerían de su arte, se sentaba delante de su sintetizador, y mientras los proyectaba iba improvisando en directo, buscaba la atmósfera, el ritmo, y el tono adecuado para cada escena, y en largas improvisaciones iba dotando a la cinta de música. La gente lo flipaba, y no es para menos. Hay varios vídeos en YouTube de como se grabó 1492, y no tiene desperdicios la cara de los presentes al ver los resultados. Y ahora vamos a hablar de lo que contiene el álbum, que ya es hora.

Los títulos junto a los primeros minutos de la película. Geniales

Siguiendo el camino trazado por Opera Sauvage, en este trabajo encontramos al Vangelis sosegado, sencillo, al Vangelis con los pies en la tierra, pero aun así grandioso, colosal; solo las primeros golpes de Titles pone los pelos de punta, y su piano, maravilloso, nos evoca ese famosísimo plano de atletas corriendo en cámara lenta, sonrientes. Hay una emotividad mágica en este inicio, tan sincera que estremece, y que, a mi parecer, crean uno de los mejores arranques de la historia del cine -Tal es su fuerza, que mucha gente dice que lo único bueno de esta película son esos 5 minutos-. Five Circles es un tema más intimista en el que desaparece el piano, dejando solo a un sintetizador largo y volátil, al que se suman tintineos cristalinos constantes, siguiendo la misma melodía, contenida, sosegada y emotiva. Abraham’s Theme me encanta por ese inicio acuático y por su aire melancólico, que recuerda mucho al ambientalismo de L’Apocalipse des Animaux. Al igual que el tema siguiente, esta pieza intenta reflejar la psique de uno de los protagonistas, Harold Abraham, un paria por su condición de judío en una Gran Bretaña protestante y puritana, un hombre con un profundo complejo de inferioridad, agravado aun más por su sensibilidad, que quiere demostrar a toda costa a su país su valía con su fuerza y velocidad. En la otra cara de la moneda tenemos al personaje de Eric Lidell, hijo de misioneros con un profundo fervor religioso en plena crisis de identidad; tan grande como humilde, entregado y accesible a todos, el ve que Dios le ha otorgado un don, y que este se complace de que corra y de que enorgullezca a su compatriotas con su velocidad antes de cumplir su piadosa empresa  como misionero. Eric’s Theme vuelve a esa grandilocuencia, a ese sintetizador in crescendo, casi genuinamente cinematográfico que entronca con el tema inicial, pero al que supera en fuerza e intensidad. En el siguiente tema, 100 metres, se respira la tensión, el suspense, el nervioso preludio a la gran carrera, un zumbido de sintetizador monocorde, constante, que al poco tiempo se une a la siguiente pieza, Jerusalem, que no es de Vangelis, con el eclesiástico sonido de un órgano. En realidad no se que pinta en el álbum este himno, uno de los tres himnos no oficiales del país; puedo intuir que es porque en una de sus estrofas aparece el título de la película –Chariots of Fire-. Seré sincero, a mi no me molesta, me parece que es un himno precioso, aunque comparto la opinión de que no pega ni con cola en el conjunto.

Todo lo que seria la segunda cara del vinilo lo ocupa la larguísima suite homónima, que recoge a modo de collage perfectamente hilvanado gran parte de la música extradiegética de la cinta, y lo presenta como un todo uniforme. Esta decisión, me parece, fue una de las causas de porqué la gente que esperaba escuchar la banda sonora no se entusiasmó con este álbum en su momento, y hasta cierto punto les entiendo. Sin embargo, siempre he mantenido que donde más brilla el genio de Vangelis es en sus largas suites, y para mi esta no es una excepción, es una pieza sinfónica maravillosa, muy atmosférica y emocional, tierna, que se permite incluso ciertos toques cósmicos de esos aun cercanos años 70, y un broche de oro maravilloso a un álbum maravilloso de una película maravillosa. Que si, Murnau, lo pillamos, que Carros de Fuego te toca el kokoro muy fuertecillo, que la objetividad te la has olvidado en el primer párrafo y has fangirleado como una adolescente hormonada. Pues si, oiga, no puedo negarlo: me encanta todo lo relacionado con esta película, aunque se trate de una de las películas más olvidadas de los Óscars y uno de los álbumes que mas indiferentes dejaron tanto al publico aficionado a la música de cine como a los seguidores de Vangelis por todos los motivos anteriormente citados no puedo dejar de recomendarlas. Soy humano y tengo sentimientos, sentimientos a los que este álbum adora zarandear sin amor y sacar mi lado mas emocional a la hora de reseñar; aunque más que reseña ha parecido una carta de amor. Además, ¿Qué mejor fecha para hablar de esta película y esta música que en plenas olimpiadas? Es como una conjunción astral. Y si pensáis que esto es fangirlear… Esperad a que os traiga Blade Runner. Y temed.

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